El día y la noche de la revolución

Las estadísticas hablan que en los lugares donde las horas del sol son menores que las de la noche los suicidios son más frecuentes. Acá en mi celda llevo quince días sin ver la luz y eso me ha hecho pensar, entre otras cosas, en el suicidio naturalmente…y he pensado que aún, si bien esto es Guantánamo,  todavía sigo vivo en la Siberia. He pensado también,que mi condena en esta celda terminará mañana, pero que de regresó a mi país aún después de quince años y ya a mis cuarenta y cinco la condena será otra. Será la condena social, la de ser tratado como traidor, la de vivir como marginal y la de no tener más las atribuciones, ni el prestigio que me dieran mi pasado colaborador de la revolución. Y he pensado en Trotsky asesinado en México; por los mismos que me acusaran de traidor y me vendieran como espía a los planes capitalistas del enemigo.

Hoy abrieron las puertas de la prisión, me dieron todo mi sueldo retenido estos años, y una carta de recomendación para registrarme en la embajada de Panamá, como accionista de una empresa de capital multinacional.

El sol casi me ciega y no pude ver la imagen del “Che”cuando pasé por la Plaza de la Revolución; pero si pude ver, un joven niño cubano con la bandera inglesa en su remera y la insignia de los Rolling Stones…”Traicionar mis principios, nunca así lo pensé, podrá ser un suicidio moral, pero aún así a morir con las botas puestas, me dije; y me tatúe “simpathy for the devil”, justo antes, de lanzarme en balsa hacia la costa de Florida. Mientras el sol se ponía ya, en aquel azorado atardecer de la Habana.

12/06/2016

Adolfo Nicolás Scatena

 

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