Hacinados

9_Encapuchado

La verdad sobre la historia de hombres y mujeres que pisaron y pisan aún hoy, esta tierra marcada a fuego y sangre, de dominados y dominadores; entre el avance de la civilización y el instinto de conservación de una raza sobre otra: se descubrirá cuando lo escrito en la arena, se revele sobre la piedra.

Lo que en esta parte de la gran contienda universal nos convoca, comienza cuando los mapuches colmando un reducto público conservado para eventos barriales deportivos, lleno de policías que acompañaban el golpe de estado; se erigían como dueños de la Patagonia y todos los gobernantes sobre ella.

Bolches y progresistas, protestaban por la exclusión de la tierra, pero la guardia armada subordinada respaldaba a los aborígenes que ya colmaban todo, y en sucesivas manifestaciones, habían logrado sentar dominio sobre las autoridades del gobierno.

Jerry no había hecho el servicio militar, en esta tierra ni en ninguna otra, y como desertor, estaba condenado a luchar por la patria, o morir.

Sobrevivir era igual a luchar, y Jerry, anclado en el sistema, estaba dispuesto a todo.

De pronto, una sirena se oyó en el lugar era la nueva revolución armada, que ya tomaba lugar entre las presas del nuevo orden y los mapuches nos echaban a patadas.

En lo paradójico de la escena, Jerry practicaba con los militares, tiros de largo alcance Y de repente, le brillaron sus ojos, había dado por accidente con su escopeta con el cacique, y todos los indios a sus órdenes se resolvían en frenéticos golpes a sus caballos, para emprender la eventual retirada.

Era el siglo XXI, pensó Jerry, ” pero si el Che estuviera de vuelta, pelearía delante mío y no tendría que disparar balas ante los pueblos originarios”

Cuando niño, se había obsesionado con esas historias de indios que veía en las series de cowboys, allá en su tierra natal. Como nativo americano tenía que aceptar que las reyertas entre gringos e indios, se resolvieran en una matanza siniestra hacia aquellos más amenazados.

Ahhora ya bastante más maduro, Jerry sueña intranquilo, por las noches, como los mapuches invaden la Patagonia…se despierta y la palabra “desertor” le resuena en la cabeza, aires de un reemergente neo-colonialismo empezaron a enseñorearse en parte, de los que se matenían todavía disidentesy el viento feudalista de algunos viejos caudillos empezaba ya a azotar la rebelión del pueblo originario. Los militares volverían al país a re-instaurar, algo,que en los cálculos del General Julio Argentino Roca hubiera sido el precedente de un nuevo orden exclusivo y excluyente de un progreso sentado, para los nuevos hijos del viejo mundo predilecto. Pero en los planes de Jerry; no existía la posibilidad de colaborar,con una causa tan ajena a su formación primera, como lo que todavía en la actualidad, sentía que era… “un sintierra, anarquista, y librepensador…”

Jerry no pensó, como siempre,en consultar y no desafiar sus principios. La única opción que al final prevaleció fué,la de huir a tierra de nadie. Así que optó por arrendarse en un barco de bandera extranjera, como marinero de cubierta y navegar como polizón de la justicia.

Para tal fin tuvo que viajar hasta el Puerto de San Antonio Oeste, y allí logró embarcar. El barco viajaba hasta Puerto Pirámides, y ahí en su breve estadía, podría conseguir algunos víveres y con los primeros ahorros del viaje podría contratar los servicios de alguna prostituta, pero solo se concentró por el momento en sus provisiones.

Se sorprendió, de que en su embarque viajaran también algunos indígenas, en una especie de tregua circunstancial, dada la transitoria finalidad común que de momento los mantenía unidos. Pero sobre todo, le sorprendió la figura de Jaime;otro indígena, que viajaba herido y en un pasado no muy lejano, había sido caciquesegún le oyó decir a la tripulación, peroque ahora corría la misma suerte que él de ser también desertor, si por el momento, no fuera que se encontrara también como él mar afuera.

Una vez en Puerto Pirámides, y llevado en bote hasta la costa del pueblo, se dispuso a conseguir todo lo que necesitaba en poco minutos, así que, desembarcó y empezó a caminar. En el trayecto, repentinamente, se encontró con el mal del país encima. Un indio le apuntaba con una daga por debajo de las costillas amenazando con destrozarle el hígado a puñaladas. Así que le dió todo lo que tenía, y el indio, en su afrenta; le dijo que de todas maneras no volverían ellos dos a separarse.

Una vez despojado de todas sus pertenencias no tuvo la claridad necesaria para resolver aquella contingencia; y decidió ir a casa de una cuñada, que teniendo la suerte de su lado, la encontraría allí con parte de su familia. Así obtuvo, aquél incidente una nueva carta, en la que su destino se develaría; acertando al encontrar en aquella familia el auxilio que necesitaba. Pero todavía no conocería los oscuros designios del azar, hasta que aquellos familiares, le prestaran un abrigo que ya no poseía, y lo depositaron en una lancha, que lo acercaría hasta el barco y que ya se adentraba en alta mar.

Durante el trayecto de vuelta la pequeña embarcacióncon algunos turistas de tripulantes además de él, no lograban alcanzar la nave y a medida que avanzaban, lanzaba ésta cada vez más explosiones y humo de aceite quemado. Jerry pensó, en ese momento, que terminaría nadando hacia el barco si no se ponía al mando de la lancha pero si también echaba por la borda a toda la tripulación; incluyendo al conductor, que todavía no daba síntoma alguno, de preocupación. Jerry, al tomar por asalto al desprevenido marinero, descubrió que tenía el mismo semblante del indio que lo había asaltado momentos antes en tierra. Aunque ya no recordaría nada más de toda aquella historia.

Ahora no sabe, si ha despertado de un sueño; o si bien sueña que despierta ese día cuando en el diario leyó no sin asombro, una noticia sobre un devastador incendio en la zona de un actual yacimiento petrolífero; donde, desde épocas de la “Conquista del Desierto”, los pueblos originarios de esta parte de la Patagonia habían reclamado la posesión de sus tierras y ya completamente desoídos en la actualidad, al momento de la tragedia, morían carbonizados, cientos de aborígenes en un asentamiento clandestino donde en condiciones infrahumanas; sobrevivían hacinados.

Adolfo N. Scatena

01/07/2016

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