Condiciones Naturales

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_Mira Estela, aquel hombre, es Él, apurémonos antes de que escape_

Lo vimos ir por la senda para discapacitados hacia el micro. Pasó por el molinete en la dársena; posó su tarjeta mecánica en el detector magnético y antes de subir por el elevador hacia el vehículo llegamos a donde estaba él y le dije:

_Mesías_

Giró de espaldas, nos miró sin sorpresa y sonriendo. Se detuvo unos segundos sin decir palabra, giró nuevamente en su silla y se marchó hacia la siguiente dársena cuando el ómnibus se iba sin él.

Lo vimos repetir la acción anterior; nada más que al llegar al molinete y posar su tarjeta magnética no avanzó, se detuvo y el micro se fue sin él otra vez. Nos acercamos con Estela y yo posé mi tarjeta magnética para que el molinete se abriera  esta vez y avanzamos hacia la siguiente dársena los tres.

El nos miró siempre sonriente, y nos dijo:

_ ¿cómo están? ¿Qué es lo que están haciendo?

_ Nos dijeron que lo siguiéramos, Mesías_

_Si ustedes me están siguiendo ahora, entonces debe ser porque están muertos_

Lo vimos alejarse siguiendo solo hasta la dársena sin mirar atrás, repitiendo el mecanismo con la misma persistencia. Nosotros fuimos detrás de él hasta llegar al viejo cementerio, y apeándose del pasamanos, antes de desaparecer en el último ómnibus nos dijo:

_En este lugar castran a los muertos antes de enterrarlos_

En este momento, Estela y el Mesías me han abandonado en la oscuridad del cementerio. Un frío me recorre la espalda, estoy solo, he llegado hasta aquí arrastrado por la Fe al límite de la condición humana.

Un murmullo, como una ráfaga mecánica del viento, se oyó desde  todos lados en aquel lugar y parecía susurrarme al unísono: ¨ ya no los necesitarás ¨… ¡A los vivos!, pensé, y me estremecí.

12/06/2016

Adolfo Nicolás Scatena

 

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