“No por mucho madrugar, a veces…amanece más temprano”

tangocity

Es temprano de madrugada y aún las luces de los semáforos siguen titilando sin funcionar, los barrenderos no han salido a las calles todavía polvorientas y llenas de envases vacíos de vino, etiquetas de cigarrillos y envoltorios de comidas rápidas.

Pilas de diarios se juntan de a miles en la acera de la editorial, los canillitas hacen cola como todas las noches, y van retirando lo que en el transcurso de la jornada los llevaran  a vocear en las inmediaciones de cada hogar en donde ya empezara a humear el café y las tostadas, en cada esquina en que la prisa de la carrera contra el reloj de los horarios de oficina se detuviera por unos segundos. Ahí estaría Amenábar, vaticinaba yo mientras hacía mis planes para la mañana; separando de la recaudación de ayer, los billetes y las moneditas que necesitaba  para pagar la tirada de hoy, del dinero que había estado ahorrando  para pagar hoy, la cuota del crédito que le había sacado hace un mes para que comprara la moto con  que planeaba aumentar el número de sus clientes. No te olvides,  que para progresar tenés que cumplir primero con tus compromisos, le decía yo, para que él tuviera aspiraciones y las concretara. Cuando termine de pagar la moto, me decía, voy a ayudarlo a que se termine el tallercito en el que está armando su propia revista y vamos a ser socios, yo me voy a  encargar del reparto.

Pero esta mañana Amenábar y el diario no estarían para terminar de cerrar la crónica diurna. Madrugué hoy más de la cuenta, esperando al amanecer empezar el día con alguna primicia sobre la indemnización posterior a la huelga de los trabajadores despedidos en el diario donde conocí al diligente Ame (cómo lo conocen todos) y donde también yo trabajaba. Pero los sucesos del día no llegarían aún, me acerque hasta una parada de diarios y ahí termine de desayunarme la noticia que le faltaba a la instantánea diaria, y que faltaría de ahí en más a todos los días. El Ame no va a ir a su casa hoy, me dijo el diarero, vino después del reparto y me pidió que le diera este dinero, era lo que necesitaba para la moto que me había dicho que se quería comprar, yo no sé porque le das toda esa plata,  le dije, y él me contestó que usted la iba a necesitar ahora más que el.

Hoy a tempranas horas de la madrugada Juan Amenábar Serrezuela, se oyó en la radio, se resistió a un asalto cuando le intentaban robar la recaudación en momentos que se dirigía a realizar su reparto habitual de diarios. Los delincuentes habrían huido sin el dinero, pero dejando al canillita  junto a una pila de diarios sin vender, y sin su moto.

11/07/2016

Adolfo N. Scatena

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