La confesión escondida del lugar menos perdido

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Hallaba siempre para su sed lo que confundía con todas las cosas y donde nunca encontraba más nada.

Solo en sus búsquedas podía encontrarse con su sed, y podría quizá mezclarse con la bruma de las nubes de mil tempestades. Pero sí no podía hacer menos que, destilarla quizá, en la esquina de algún bar, o siempre, en cualquier otro lugar también.

Esos bares que nunca tienen sus puertas cerradas, donde solo ahí, se entra con sed y si no es así, la puerta queda abierta para la sed en cualquier otro lugar también, para quien es todo lo que ha traído hasta allí con ella.

Algo lejos pudieron haber quedado sus pisadas, según por donde lo hubieron llevado sus pies; y aunque poco le quedare aún por seguir, continuaría con ellas hasta el final , y ese lugar, podría estar a la vuelta de cualquier esquina.

Esa esquina que tan solo amontona almas, tantas como amores perdidos y quizá puede que también algún perro ladrando.

En aquella esquina donde nunca ocurre otro reencuentro, más que dos calles cruzándose y entrecortándose, que puede también tender alguna otra encrucijada el destino, pero nunca antes otro reencuentro.

Tuvo también en algún tiempo relojes que le marcaran alguna cita, que ahora ya no ocurrían y antes de que ocurriera alguna próxima ya relojeaba la hora: 1. 40 AM; en alguna esquina de “El Perdido”. Si ése era el lugar, no podía ser aquél por el cual estaba esperando. Tal vez hubiera olvidado ya sus “buenosaires querido”; y tal vez (lo más natural sería) ya tuviese bastante mal aliento por la cantidad de paquetes de más, que por entonces estaría fumando en aquel lugar.

Podría en “El Perdido” respirarse algo de pureza en el ambiente, pero no lo habrían traídos por ello sus pies, ni su sed, a estar en el medio del campo ahora, aunque estuviera perdido.

Solo había perdido además un par de docenas de minutos, en esa esquina, y nunca llegarían a ser tantos, como para atraparlo a plena luz del día… fumando.

Alguien antes entre las sombras se asomaba ya murmurando:

_ Ssssh….señor, ¿me daría fuego por favor?

_ Encantado estaría si me dijera dónde _ respondió pitando su cigarrillo detrás de la cortina de humo en aquella esquina.

_ Usted esta loco!! en el lugar perdido. Estaba ya esperándolo desde hace un año_ susurraron con pesada voz del otro lado_ Sólo tendría que dar una vueltita.

Lo esperaban desde hacía un año, y no respondían todavía dónde , sólo que diera la vueltita. Y dio la vuelta al fin, pero para arrojar su cigarrillo encendido y luego ya no estuvo más ahí.

Se fue silbando junto a los cometas y algún que otro fuego, para ser de repente una pequeña y difusa luz que pronto se hizo humo. En aquel cielo nuevo de ese año nocturno, donde solo brillaba una encendida luz de luna llena sobre aquellos pies, para que nunca más girara sobre ellos; ni para encontrar algún lugar, ni aunque estuviera muerto… el perdido , o no hubiera nadie en lugar del muerto.

Tendría algunos compromisos pendientes y el que menos hizo esperar fue el del cigarrillo en su boca. Después sus pies siguieron adonde apuntaba la luna; miró su reloj por segunda vez y nunca más detuvo su marcha hacia adelante, donde siempre habrá amigos hasta en el más perdido lugar de su recuerdo.

Y dejó todo lo demás a su buena memoria…Un amigo.

Adolfo N. Scatena

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