La morada de Himeneo*

250px-hymenaios_terme_di_nettuno_ostia_antica_2006-09-08

Su carrera comenzaba a declinar, a la vez que su precaria condición económica. Pero Jerry debía parte de sus anteriores éxitos a su indeclinable tenacidad y a su ex mujer. Estaba literalmente en la calle, deambulando de un lado a otro, rotando entre casas de amigos y compañeros de tertulias, y pernoctando en casas de parientes o emparentados de ocasión (hermanos de la noche).

Todo su material aún no editado permanecía en la antigua morada de Himeneo, en su viejo nido, y era lo único que de sí mismo podría salvarse del olvido junto a su divina Amanda.

La proximidad de una nueva edición y de un nuevo editor, de un trabajo todavía inconcluso, lo llevo más tarde puertas adentro de su vieja morada, y a altas horas de la noche entrar, como siempre que se extendían sus antiguas sesiones de jazz y vino, por la puerta del patio trasero donde intuía, que Amanda confiando en su eterno y fiel Churro, habría dejado abierta.

Una vez adentro fue improvisando sus pasos siguientes. Primero no debía despertar a Amanda, aunque debía tener mucha cautela para hacerse de sus papeles que estaban en su habitación. Pero súbitamente sus planes cambiaron, cuando en la habitación de amanda el churro empezó a ladrar como loco, las luces se encendieron en la habitación y vaya sorpresa, su antiguo editor salió con ella de la habitación.

-¡ No estaba preparado para tal recibimiento!, dijo Jerry no saliendo aún de su asombro.

-Amanda y yo Jerry, no sabíamos de ti hace tiempo y te creíamos muerto en verdad, discúlpanos- hablaba su antiguo jefe en tono conciliador.

-Mirá Jerry, sé que esto no será fácil para ti, pero hace siete meses que desapareciste, y Martin y yo vamos a tener un hijo. Pero él está convencido de tú talento y piensa en editarte un nuevo libro. Eso será para tí también dar a luz un nuevo hijo, ¿no? – Amanda siempre tuvo un increíble oportunismo para dar la buenas nuevas.

-Menuda sorpresa me han dado, no sabía que después de intentar que dieras a luz un niño por años sin éxito, al cabo de menos de un año y prescindiendo de mi lo lograrías. En fin, eso me alegra. Pero ¿cómo sabemos de quién es el hijo?- Jerry acentuaba el suspenso y los inquietaba con la frialdad de su reacción.

-Pues el hijo va  nacer de todas formas, y no te preocupes, mi amor por eso, le pondremos de nombre Jerry… si estás de acuerdo- dijo Amanda que siempre tenía presente la opinión de quien fuera su antiguo marido.

-Perfecto, y de ahora en más sea todo ficción o no-ficción yo seré por lo demás -Adolfo Scatena- Autor y coautor de su único engendro.

*En la mitología griega Himeneo (en griego antiguo μέναιος), también llamado Himen, era un dios de las ceremonias de matrimonio e inspirador de las fiestas.

 

 

Adolfo N. Scatena

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