Poco más que un ojo de la cara

fray-bentos1

Estoy en el baño de una terminal de colectivos, y mientra el micro levanta a sus pasajeros , me deshago de una corrida esa inagotable necesidad de tener contacto físico con una mujer. Está todo tan fresco… esa mujer que bailaba conmigo en el casino del camping de la localidad de Fray Bentos en Uruguay. La playa al amanecer y esa huida hacia, primero, la carpa de ella que encontramos ocupada, después a la mía la que mis dos compañeros de viaje ya habían levantado, y partían sin mí a tomar el micro de regreso dejándome solo y sin el boleto de vuelta,no cumpliendo así la promesa de esperarme hasta terminado el asunto con mi ocasional compañera.

Las palabras del gendarme todavía me aturden diciéndonos en la frontera: “miren que los dejo pasar solamente porque yo soy de Fray Bentos y tengo hijos allá de la de edad de ustedes, pero si me entero de que se mandaron alguna, los traigo del fondillo del culo, ojo”.

Éramos menores mi amigo de la facultad y yo, el otro compañero, amigo de Alejandro, era apenas mayor y le decían Chino.

Alejandro me convenció de hacer ese viaje a dedo desde la capital hasta Gualeguaychu con apenas cuarenta pesos, y de ahí, después de una noche de descanso, partir hacia Uruguay. La idea me atraía, primero porque nunca había estado en el extranjero y porque además íbamos hacia “ la tierra del cucumelo”.

Ya instalados en el camping, llegó la ocasión de encontrar algunos hongos cuando la lluvia empezó a caer. Así que traté de conseguir algún dato con los jóvenes uruguayos que ahí residían esa misma noche.

  • Mirá- me dijo un pueblerino joven, petiso y de barba prominente- Eso no creo que podamos conseguir esta noche, pero si querés, mi tío está a cargo del casino y por estas horas podemos aprovechar que duerme para ir y sacarle algunas cervezas.
  • Bueno, si son tan solo un par te acompaño.

Así que fuimos, debajo de la lluvia que caía en forma torrencial. Entró por un costado donde se apilaban de a cajones las botellas, y mi benefactor, puede ser que me haya visto con mucha sed o bien con la boca muy grande, porque salió con un cajón entero haciendo algo así como malabares, para querer atrapar todas las botellas sueltas entre sus brazos. Y naturalmente, se le empezaron a caer, lo que obviamente despertó a su cuidador. Este, inmediatamente salió con un machete y mucha furia. Lo que no puedo explicar, es como del temor a la advertencia del gendarme, las patitas no me daban para huir de la escena del crimen. A la distancia se escucharon gritos de dolor, e incluso, los golpes del machete contra la piel.

Así que en este viaje, ni hongos ni cerveza. Al otro día salimos del camping hacia el pueblo, a un boliche bailable. A la salida nos topamos con mi socio, el infractor. Nos mostró la espalda enrojecida por los machetazos, y nos contó además que el padre era el comisario del lugar, y que de castigo (algo que bien podría haber quedado en familia) lo encerró en una celda de la comisaría a ” dormir la mona. Y demostraba así el rigor del brazo de quién por allí administraba la justicia.

Está todo muy fresco todavía.Cuando ya parte el ómnibus hacia Buenos Aires, pero me voy contento porque pude alcanzarlo y a mis compañeros también. Ahora tengo una buena historia para contar, sobre la ciudad que hoy entró en litigio por la papelera, y además de lo bien que nos trataban a los jóvenes turistas. Tuve deseos de volver desde el momento que subi al colectivo de regreso, volver con ella y todavia hoy volveria con la única la salvedad de que la cerveza esta vez podria costarme poco más que un ojo de la cara.

Adolfo Nicolás Scatena

26/11/ 2016

Anuncios