Acuarium

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En el equilibrio de tanta memoria y pasión vos danzabas pletórica de olvidos; sentimientos divinos, comensales criminales.

Acudimos a la cita; argüimos de la endemoniada vida todo el placer que no nos quita.

El horizonte en tus ojos, y en el norte viejos deseos, todos réprobos. La margen sur de tus fluidos sanguíneos acaudalándose y hamacándose en la miseria que tus sentidos favores dejaron…

Mientras…en desorden sigo esperando el día que me asalten de vos, mi antigua reina, esos valores.

En mi castillo solo mora mi alma serena… ¡ven tú mi antigua cortesana! A representar la escena picaresca, sin vergüenza de los ángeles.

Apaciguando así el llanto y el deseo de tu niño… El fuego de tu reino.

El amor de siglos perdidos, más allá, del seno de tus cielos. Enteros abismos sepultados en el valle interior del monte de tu Venus.

Y ahora sales, latente volcán a respirar, guerras y asilos. Con tus ígneos locos perdidos, labios de sal…

A tus tiernos pies, mi reina, estallidos de luz se rendirán como un mar placebo y durmiente magnetizado de todos tus fulgurantes astros y sabios.

Mientras Dios… nos sonría con sorna a la impura furia de tu carne, y mientras los arcángeles del paraíso duerman en los pilares del mismo y propio infierno tuyo. Serás aún la inquebrantable sed de tu leal criminal, la mágica duda de tu prodigo dramaturgo.

Mi Dios y mi verdugo. Mi eterno ser, abismo de morir y de nacer. Raíz que juntos haremos en tu cielo crecer. Raíz que tu lengua no podrá mecer…

Raíz que no verás nacer más, que en el propio fuego de tu ser.

Adolfo N. Scatena

08/10/2017

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