Condiciones Naturales

_Marta mira, aquél hombre; es él, mejor nos apuramos antes de que escape…
Lo vimos ir por la senda para discapacitados hacia el micro. Pasó por el molinete en la dársena; posó su tarjeta mecánica en el detector magnético y antes de subir por el elevador hacia el vehículo llegamos a donde estaba él y le dije:
Mesías
Giró de espaldas, y nos miró sin sorpresa y sonriendo. Se detuvo unos segundos sin decir palabra, giró nuevamente en su silla y se marchó hacia la siguiente dársena cuando el ómnibus se iba sin él.
Lo vimos repetir la acción anterior; nada más que al llegar al molinete y posar su tarjeta magnética no avanzó, se detuvo y el micro se fue sin él otra vez. Nos acercamos con Marta y yo posé mi tarjeta magnética para que el molinete se abriera otra vez y avanzamos hacia la siguiente dársena los tres.
El nos miró siempre sonriente, y nos dijo:
_ ¿Cómo están? ¿Qué es lo que están haciendo?_
_ Maestro nos dijeron que lo siguiéramos, Maestro…_
_Si? saben ustedes si me están siguiendo ahora;  debe ser entonces que están muertos_
Lo vimos alejarse hasta la siguiente dársena sin mirar atrás, repitiendo el mecanismo con la misma persistencia. Nosotros fuimos tras él hasta llegar al viejo cementerio, y apeándose del pasamanos, y antes de desaparecer en el último bus nos dijo:
_En este lugar castran a los muertos…antes de enterrarlos.
En ese mismo momento Marta y el Mesías me han abandonado en la oscuridad del cementerio. Un frío me recorre la espalda, estoy solo; tan solo he llegado hasta aquí arrastrado por la Fe al límite de la condición humana.
Luego una voz, hipo acústica como inalcanzable en un suspiro sintió duplicarse al que le oyó desde aquel lugar y parecía susurrar al oído: ¨ ya no los necesitarás ¨… ¡A los vivos!, catatónico pensé, y me estremecí.

12/06/2016
Adolfo Nicolás Scatena