Post Mortem

Sonó el teléfono y alguien del otro lado dijo:

-¿Estoy hablando con el señor Scatena?

-¿Si, y usted ?

-Adolfo.

Sí, usted quién es?

-Antes que nada..¿Sabrá usted reconocer el límite de la ficción y la realidad? Mi nombre es Heber del Rivero Moreno, si, tal cual el personaje de sus cuentos.

– Vaya, pero no me sorprende. El nombre es cien por cien ficticio, pero aún así es posible, creo, encontrarlo en la guía de teléfono o en cualquier otro directorio.

– sí señor, así es, pero lo que será más sorprendente aún, es que su personaje esté más vivo que usted en estos momentos.

– ¿Lo dice por usted?

-No, lo que digo es que usted está muerto.

Dijo así e inmediatamente colgué el teléfono. Minutos más tarde vi a tras luz, que alguien del otro lado deslizaba un papel por debajo de la puerta. Y en él se leía: “vaya hasta la esquina, luego regrese lo volveré a llamar”.

Salí de la casa rumbo al trabajo, y tome la ruta según se me había indicado. En la esquina y en torno a los restos de un hombre que yacía en la calle, una muchedumbre se encontraba murmurando: “creemos que no tiene familia, al parecer era un escritor. Encontramos junto a él un manuscrito con un texto que llevaba de título post- mortem”. Y en efecto, allí estaba yo tal como la noche anterior me había dormido bajo las estrellas; aunque en la expresión de la cara no se podría afirmar que eran él y yo el mismo.

Así es que regresé a mi casa para acudir  a la cita telefónica. Ahí nomás sonó el teléfono dos veces y, pensé algo turbado en no contestar ¿Qué otra sorpresa más reveladora me sería dada a conocer? Levanté el teléfono a la tercera campana y, el tal Heber me dijo:

-Eso que acaba de ver fue de mi autoría, yo lo asesiné, una obra maestra para un simple instrumento de su creatividad, ¿No? De ahora en más usted será, invirtiendo los roles, mi alter ego. Y a diferencia del personaje de sus cuentos; esta vez usted no me habrá elegido usted a mí, sino que yo a usted.

Adolfo N. Scatena

19/10/2016